¿Dispuesto a vivir?

Vivir significa enfrentarse a la vida. Reir, discutir, sentir. Enfadarse y alegrarse. Opinar. Aceptar y rechazar. Vivir comprende un término base: luchar. Desear no morir. Querer seguir adelante siempre. Vivir significa querer vivir bien. No dejar que el tiempo pase y morir deprimido. Intentemos hacer que nuestra vida sea mejor. Hablemos... No sé, ¿de vivir?

jueves, 23 de septiembre de 2010

Papi Lucy...


¿Qué es la maldad? Según una de las definiciones de la RAE se trata de una acción mala en injusta. Ampliando la otra definición sería la cualidad de aquel que carece de la bondad que debe tener según su naturaleza o destino.
El destino es relativo, si creemos que hay uno hemos de presuponer que lo marcamos nosotros con nuestras acciones. Por lo tanto, si querer crearse un destino propio implica ser malo, joder, yo soy malo, y me encanta.
Reconocer ser malo es duro, pese a que yo me jacte de ello. Reconocer la maldad propia implícita en uno mismo provoca que las personas más allegadas a ti te digan que no eres malo. ¡Normal! Cuando les cuento mis maldades se descojonan también, lo que reduce el nivel de maldad a algo más similar a una inocentada.

Debemos reconocer tres tipos de malotes. El primero es el vengador, aquel con un nivel de rencor desmesurado, que basa sus malas acciones en resultar victorioso de las ofensas. El segundo malo es el malo cabrón: El que disfruta fastidiando sin más. Por último, el tercer malo es el de pega. El que siempre dice que es malo pero luego no es capaz de hacer ninguna maldad.
En mi conciencia se agolpan los tres. No soy rencoroso, no demasiado, perdono pero no olvido. El problema es cuando duele de verdad, que entonces no perdono, la devuelvo. Ser malvado por entusiasmo es algo que a veces me gusta, me levanto un día y digo, voy a ver a quien le jodo la marrana, y lo hago. El caso es que en esos días el objetivo de mi maldad suele ser alguien que de alguna manera me ha inducido previamente a actuar con él de esa manera, lo que hace que este nivel de maldad esté menos en mí. Por supuesto soy un malo fantasmal, fardando de mi maldad, de mi falta de escrúpulos, del placer visceral que me provoca hacer daño. El caso es que es un tanto exagerado, pero gustarme me gusta.

Hace no demasiado mis tres dualidades del mal cogieron conciencia cuando, alguien cercano, me denominó Lucy. Reíros, pero mola demasiado. Con mis pequeñas acciones letales he sido denominado como el hijo de Lucifer y, a coña y siempre vodka en mano, imploro a Papi Lucy que me ayude, vamos, que con súper-poderes todos sería más divertido. Sí ya lo dice el dicho, que los buenos van al cielo y los malos, a todas partes.

2 comentarios:

Cristina dijo...

entncs... dnd hemos dicho q qdabams?? porq tnms un mntn d sitios para ir ;)

P.D. Me encnta como scribs

Aguien en concreto dijo...

Tienes un blog interesante. Pero revisa ortografía. Por cierto, la imagen que tienes es de un serafín, no de un arcángel caído.

Un besito,

Borja